Siendo honesta, tengo que confesar que las últimas semanas no he estado bien. Y mi silencio habla por mí, en todas partes, todos me dicen: "estás muy callada" ¿qué tienes? y sólo lucho por seguir en silencio... es mejor para mí y para otros. He tratado de hablar con algunos de mis amigos, pero no he podido, hay demasiada confusión como para poder decir algo coherente.
Hay días en qué vivo sin la comunión con Dios, tratando (inutilmente) de evadirlo, pero el día a día es demasiado pesado, vienen cargados de sin sabor, de dolor, de demandas a las que no puedo responder estando lejos del estanque donde puedo beber el agua para mi sed; y comienza a preocuparme que la enfermedad de mi alma esta enfermando mi cuerpo, todo duele, he estado en el médico tres veces en las dos ultimas semanas.
En medio de mi confusión y de mí "enredo" he decidido hablar con Jesús, tal vez Él pueda entender esto que yo no logro ver, no tengo que disimular y no tengo que intentar agradarle, él me conoce y con gran esperanza de que como en otras ocasiones, podrá librarme de este terrible mal que hoy padece mi cuerpo, mis huesos, mi alma; he logrado caminar, mi letargo se ha visto interrumpido pero es demandante: morir, morir, morir, las razones de "diana" no son válidas y por más que trate de defenderlas me llevaran al camino sin salida...
Y esto de renunciar a lo que pienso, a lo que creo o a "mis razones", ha sido lo más difícil, es parte de mi orgullo, de mi sentido de grandeza (o pequeñez) el que no me permite dejar esto tirado.
Hoy (como muchos días) no pude conciliar el sueño temprano, hicé vigilia tratando de buscar paz, tranquilidad de aquietar mis peticiones y Dios me sigue sorprendiendo, Él sigue siendo quien Es. No puedo tratar de justificar con mis razones los propósitos de Dios, eso es una utopía que al final trae frustración.
Esto lo escribí hace unos días y HOY, ubicada en mi realidad puedo confirmar que siempre hay camino... "Sendas Dios hará..."
Hay días en qué vivo sin la comunión con Dios, tratando (inutilmente) de evadirlo, pero el día a día es demasiado pesado, vienen cargados de sin sabor, de dolor, de demandas a las que no puedo responder estando lejos del estanque donde puedo beber el agua para mi sed; y comienza a preocuparme que la enfermedad de mi alma esta enfermando mi cuerpo, todo duele, he estado en el médico tres veces en las dos ultimas semanas.
En medio de mi confusión y de mí "enredo" he decidido hablar con Jesús, tal vez Él pueda entender esto que yo no logro ver, no tengo que disimular y no tengo que intentar agradarle, él me conoce y con gran esperanza de que como en otras ocasiones, podrá librarme de este terrible mal que hoy padece mi cuerpo, mis huesos, mi alma; he logrado caminar, mi letargo se ha visto interrumpido pero es demandante: morir, morir, morir, las razones de "diana" no son válidas y por más que trate de defenderlas me llevaran al camino sin salida...
Y esto de renunciar a lo que pienso, a lo que creo o a "mis razones", ha sido lo más difícil, es parte de mi orgullo, de mi sentido de grandeza (o pequeñez) el que no me permite dejar esto tirado.
Hoy (como muchos días) no pude conciliar el sueño temprano, hicé vigilia tratando de buscar paz, tranquilidad de aquietar mis peticiones y Dios me sigue sorprendiendo, Él sigue siendo quien Es. No puedo tratar de justificar con mis razones los propósitos de Dios, eso es una utopía que al final trae frustración.
Esto lo escribí hace unos días y HOY, ubicada en mi realidad puedo confirmar que siempre hay camino... "Sendas Dios hará..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario