Todo esfuerzo por aferrarse nos hará desgraciados,
porque tarde o temprano aquello a lo que nos aferramos
desaparecerá y pasará.
Ligarse a algo transitorio,
ilusorio e incontrolable
es el origen del sufrimiento.
Todo lo adquirido puede perderse,
porque todo es efímero.
El apego es la causa del sufrimiento.
Todo fluye,
todo cambia,
todo nace y muere,
nada permanece,
todo se diluye;
lo que tiene principio tiene fin,
lo nacido muere
y lo compuesto se descompone.
Todo es transitorio,
insustancial
y, por tanto, insatisfactorio.
No hay nada fijo de qué aferrarse.
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