Fui después a comprar unos dulces. Me atendió un muchacho encantador. Hable con él; parecía tan contento que aunque se me hubiera hecho tarde, no me habría importado. Ya al salir, oí que me decía: "Gracias amigo por charlar conmigo… es usted tan amable. Es un placer hablar con gente como usted… ya ve, soy ciego". Perdóname señor cuando me quejo. ¡Yo puedo ver, y el mundo es mío!
Más tarde, caminando por la calle, vi a un pequeño de ojos claros, que miraba jugar a otros niños, sin saber qué hacer. Me acerqué y le pregunté: "¿Por qué no juegas con ellos?" Siguió mirando hacia adelante sin decir una palabra. Entonces comprendí que no me oía. Perdóname señor cuando me quejo. ¡Yo puedo oír, y el mundo es mío!
Tengo piernas para ir a donde quiera… ojos para ver los colores del atardecer… oídos para escuchar lo que me dicen… Perdóname señor cuando me quejo. ¡Me has dado todo, y el mundo es mío!
Suplemento informativo Normaticias de la Organización Carvajal, No. 217.
REFLEXIONA
* Quejarse: ¿Es una actitud posiyiva o negativa?¿Por qué?
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